Febrero 2026
Comenzamos este texto con un proverbio de la Biblia y que se atribuye al rey Salomón: “¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol” (Eclesiastés, capítulo 1, versículo 9, Biblia de Jubileo). Traducción que proviene de latín “nihil novum sub sole” (nada nuevo bajo el sol) y que parece girar en la idea de que la historia de la humanidad viene desarrollándose cíclicamente, repitiéndose regularmente cada cierto tiempo.
Es evidente que tratar el futuro es penetrar en categorías oscuras. Como indican los profesores Sagardoy Bengoechea y De la Villa Gil, “el futuro es un concepto jurídico indeterminado. Remite siempre a lo que aún no se conoce o a lo que no se sufre o goza todavía, pero es evidente que esa ignorancia puede proyectarse a muy corto o a muy largo plazo y, naturalmente, a infinitos plazos intermedios”.
Hablar de inteligencia artificial, de lógica algorítmica, de “datificación”, de robotización, de cuarta revolución industrial en relación al Derecho del Trabajo, de transformación digital, de automatización, de oleadas revolucionarias, en definitiva, de todo lo que afectará al mundo laboral, sin duda, es hablar de futuro y es hacerlo desde una posición difícil.
En comparación con las otras revoluciones industriales, la cuarta revolución industrial obtiene su energía de la abundancia de datos (“big data”) combinada con la tecnología, concretamente, con algoritmos, inteligencia artificial y alta capacidad informática. Consecuentemente, hay una diferencia muy importante con las otras tres revoluciones industriales que iniciaron la oleada revolucionaria –entre otros importantes elementos– a través de la introducción del vapor, electricidad y ordenadores. Al girar la cuarta revolución industrial en la abundancia de datos (“datificación”), lógicamente, su característica principal hace que esta revolución sea mundial (globalizada), mucho más rápida en su avance y con un impacto enorme en todos los países, economías, sociedades y medio ambiente. Ello evidencia que la transformación digital es absoluta, pero igual de absoluto debe ser el respeto de los derechos fundamentales, colocándose la tecnología al servicio de la humanidad –y no la humanidad al servicio de la tecnología–.
Al igual que todas las revoluciones, esta revolución industrial sustentada en la tecnología tiene vencedores y vencidos. Los vencedores, sin duda, son los que han destinado mayores recursos a la investigación, desarrollo y comercialización de aplicaciones de inteligencia artificial, lo que les ha permitido colocarse en cabeza de una revolución digital silenciosa que ha terminado activando una competencia mundial de valores económicos y capacidades tecnológicas enormes, hasta el punto de que la competitividad digital se ha convertido en objetivo político de todos los países (especialmente los más desarrollados).
En este sentido, son cuatro las “revoluciones industriales” a la que la literatura científica viene haciendo referencia (sin perjuicio de que ya se habla de una quinta revolución industrial):
- La primera revolución industrial (segunda mitad del siglo XIII hasta 1820-1840) siendo un período de profundas transformaciones económicas, tecnológicas y sociales, que conllevó un cambio importante en la sociedad y el trasvase desde una economía rural a una economía urbana.
- La segunda revolución industrial (aproximadamente entre 1870 hasta 1914) y que se caracterizó por el crecimiento económico consecuencia de la innovación técnica que produjo profundos cambios en las fuentes de energía tales como el gas, la electricidad, el acero o el petróleo, introduciendo nuevos sistemas de transporte y de comunicación y, desde la perspectiva laboral, transformando el factor trabajo y la forma de organización de las empresas.
- La tercera revolución industrial, la cual, algunos autores la sitúan en 1920, otros en 1940, sin poder poner una fecha exacta de inicio, pero llegando todos los estudiosos a una misma conclusión: es la sociedad de la información y de descubrimientos tecnológicos y científicos de mucho peso, tales como internet, telefonía móvil, ordenadores, energías renovables, etcétera. Por tanto, nuevas tecnologías de la comunicación con nuevos sistemas de generación energética.
- Y sin todavía dar por concluida la tercera revolución industrial ya estamos dentro de la cuarta revolución industrial o industria 4.0. Para Klaus Schwab, al que se le considera pionero del concepto, una revolución industrial viene caracterizada por el surgimiento de “nuevas tecnologías y nuevas maneras de percibir el mundo que impulsan un cambio profundo en la economía y la estructura de la sociedad”.
Al hilo de lo anterior, la primera revolución industrial es identificada con la energía basada en el vapor; la segunda revolución industrial es identificada con la ciencia y la producción masiva alimentada por la electricidad; la tercera revolución industrial es identificada por la tecnología de la computación; y la cuarta revolución industrial se identificará con la inteligencia artificial y la expansión tecnológica en todos los campos y materias. Es el efecto combinatorio de todas las tecnologías lo que viene impulsando esta cuarta revolución industrial: robots, mapas genéticos, impresión 3D, inteligencia artificial, algoritmos, aprendizaje automático, mezcla de la biología con la tecnología, etcétera. Es un conjunto de transformaciones que ya están en marcha y otras que todavía desconocemos, pero pronto llegarán (por tanto, es evidente que nos encontramos ante un ejercicio especulativo de las consecuencias y los resultados que la IA alcanzará en el mercado laboral).
Lógicamente, la IA es beneficiosa para el crecimiento, pues estimula la productividad y aumenta la capacidad de producción y desarrollo de la sociedad en general; sin embargo, también es cierto que sustituye la mano de obra humana por tecnología –máquinas–.
Tal y como refiere Coyle, lo que es evidente es que la productividad se tornará en el elemento de medición clave, pues mide la eficacia con la que una sociedad puede convertir los recursos disponibles en bienes y servicios de valor, siendo, por tanto, el principal indicador del progreso; lo que deberá ponerse en relación con la productividad laboral por hora trabajada; de este modo, resulta más sencillo identificar el papel de la tecnología incorporada en los bienes de capital. Con esto se deja de relieve que los periodos de transformación tecnológica se evidencian en un crecimiento más rápido de la productividad laboral en relación con la productividad total de los factores.
No obstante, las mediciones y la interpretación de estadísticas no deben realizarse en sentido cortoplacista, puesto que es evidente que en ese caso estaríamos en una dinámica alarmista de desaparición masiva de puestos de trabajo.
Lógicamente la IA y la automatización van a traer la desaparición de determinados puestos de trabajo y el desplazamiento de otros puestos a sectores diferentes, pero los ciclos históricos (mucho más largo que unos escasos años de medición) terminan confirmándonos que, en general, el empleo terminará creciendo y consigo toda la economía mundial.
Por tanto, el principal problema puede situarse en un espacio relativo y corto de tiempo que puede provocar una importante pérdida de determinados puestos de trabajo, por lo que, para ello, y en aras de evitar situaciones jurídicas indeseadas, las políticas de los países serán vitales para manejar la transición requerida de estos puestos de trabajo. Son muchos los ejemplos que pueden detallarse confirmando esta tendencia de que, a largo plazo, el empleo ha crecido:
- los escribas religiosos fueron reemplazados consecuencia de la creación de la invención de la imprenta, lo que se tradujo en la creación de cantidad de puestos de trabajo;
- los puestos de trabajo relacionados con los caballos prácticamente fueron eliminados con la invención del coche, pero esto también trajo –como consecuencia– la creación de millones de puestos de trabajo, no solo en la industria automovilística, sino también de construcción y mantenimiento de carreteras (incluso en sectores de comida rápida y alojamiento como señalan Petropolus y Pichler);
- lo mismo ocurrió con la creación de los ordenadores;
- o también con la globalización de suministros, pues Europa temía por la pérdida de puestos de trabajo al trasladarse las industrias hacia países con un menor coste de producción y que, con el paso de los años, ha terminado creando más puestos de trabajo consecuencia de que la globalización que inicialmente era de suministros ha dado fruto a una globalización del sector de servicios (así lo refiere también Servoz).
En definitiva, la era de los datos, IA y algoritmos no debiera ser motivo de preocupación, sino una oportunidad única de vivir un momento histórico que puede cambiar la vida de muchas personas mejorando la calidad de la misma. Póngase, como ejemplo, que cuando la IA haya avanzado en medicina, una de las principales causas de muerte de los humanos –los errores médicos– van a disminuirse hasta el punto de ser prácticamente inexistentes.
En este sentido, una parte de la doctrina es pesimista respecto a los puestos de trabajo dado que contemplan un impacto negativo y, por ende, un futuro sin empleo (así parecía intuirlo M. Ford o D. Susskind); otros, en cambio, contemplan la revolución de la tecnología y de la inteligencia artificial como una manera de enriquecer la productividad humana y el mercado laboral. La realidad es que son pocos –o ninguno– los estudios que pueden vaticinar con exactitud el futuro, más que todo, porque cada estudio viene utilizando unos datos y unas variables económicas diferentes.
Como puede observarse son demasiados los asuntos a tratar en relación a “las relaciones laborales en la era de la transición digital”, pero lo que es evidente es que, en cualquier caso, debe apostarse “por un dominio de los humanos” (así se señala ya en diferentes criterios, recomendaciones e instrucciones en la utilización de sistemas de inteligencia artificial en el ejercicio de la actividad de abogacía y jurisdiccional).
Y, a pesar de todos los cambios que podrán acontecerse, el Derecho Laboral siempre nos acompañará para dar respuestas jurídicas y ágiles a problemas reales presentes y futuros.
[Para profundizar, véase ORTEGA LOZANO, P. G. y GUINDO MORALES, S.: Las relaciones sociolaborales en la era de la transición digital: inteligencia artificial (IA), algoritmos, robótica, automatización, Big Data, compliance y tecnologías avanzadas, Granada, Comares, 2024].
Pompeyo Ortega
Of Counsel